China.

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Sounds perfect Wahhhh, I don’t wanna

He llegado hasta el punto de pensar que no tengo derecho a estar triste, que no tengo derecho a contarle a alguien lo que me pasa, que les importa una mierda.

Incluso en el colegio, intento no pensar en lo triste que estoy, y hacer a un lado los pensamientos de “para qué hago tal cosa”, “cuál es el fin”, “ni si quiera sabes por qué lo haces”, pero nunca puedo.

Inicio bien el día, con toda la actitud de salir adelante, de saber que este estado anímico no va a durarme mucho.

A mitad del día, mi actitud está por la mierda, ya estoy lo suficientemente triste para pensar en no entrar a mi última clase.

Lo inevitable, pasa.

No entro a mi última clase.

Para ese entonces ya estoy súper triste, no puedo pensar en nada más que llegar a casa y dormir.

Bendito sea el final del día en el que puedo dormir por al menos una hora.

Maldito sea el final del día, que me indica que viene el siguiente y tengo que despertarme a hacer justo lo mismo.

Amo/odio los finales del día.

Odio mi tristeza.

Odio mi pena.

Odio intentar seguir y que sienta que no es suficiente.

Colegio de mierda, vida de mierda.

Hablemos del transcurso del tiempo dentro del colegio.

El colegio ya es una basura, o más bien, mi mente es una basura.

Las clases ya no me satisfacen, hago las cosas porque sé hacerlas y porque debo hacerlas, no porque quiero y me gusta hacerlas. En realidad, eso pasa con mi vida.

Todos los días, cada hora que pase dentro de clase, espero que termine más temprano; para poder salir y ver a mi novia.

Mi novia es una de mis motovaciones para seguir. Quiero ser mejor por ella, más que por mí. Y eso está mal.

Pero bueno, estoy mal, ¿Qué esperaba?

El final de las clases es lo mejor que le puede pasar a mi día, porque no me preocupo por al menos una hora. Un poco de paz a ese día de mierda, a esa vida de mierda.

Llego a casa, y todo se siente como la rutina.

Llegar, comer, dormir, hacer tarea, perder el tiempo, dormir.

Y la rutina se repite.

Una de esas cosas que ya están demasiado integradas a tu ser, que no puedes tomar conciencia de ellas.